BIANCA
Pasamos una tarde preciosa. Después del almuerzo salimos a caminar y terminamos en el parque: él tendido sobre el prado, con la cabeza reposando en mis piernas, y Austin jugando a su alrededor, riendo cada vez que lograba llamar su atención.
Quien nos viera pensaría que somos la familia perfecta.
Y la verdad es que… lo parecemos.
—¿Hace cuánto no te tomabas un día así de relajado? —le pregunto—. Desde que te conozco, solo te he visto trabajar y trabajar.
Y creo que antes era incluso peor