BIANCA
—Debemos ir por él —le digo a Adrián apenas nos alejamos del lugar. La angustia apenas me deja respirar. La imagen de Gabriela, completamente pálida, diciéndome que habían secuestrado a Christian no deja de repetirse en mi cabeza.
—Es hora de volver a casa —interviene mi abuelo con una firmeza que no admite discusión—. Llegó el momento. Necesitamos hablar.
Lo miro sin comprender.
—Pero, abuelo…
La incertidumbre se cuela en mi voz.
Él suspira con cansancio y se acerca un paso.