Tras lo que fue un largo baño, Efraín ayudó a Marina a alistarse para salir a desayunar. Ella no decía mucho, pero le sorprendía la facilidad y naturalidad con la que sus dedos se entrelazaban.
Ni ella ni él habían mencionado alguna palabra de lo que pasaba; él solo la tomaba, la besaba cada que tenía oportunidad, mientras que ella solo se dejaba llevar por el cúmulo de emociones que jamás había sentido. No lo decía, no lo admitía, pero era algo que sin duda había esperado toda su vida.
¿Cómo