Tras salir de su antigua casa, sin muchos ánimos, condujo a su penthouse; el recibimiento no había sido nada extraordinario. Lorena se percató de su estado de ánimo, pero no preguntó ni dijo nada.
Esteban, tratando de calmar los demonios que llevaba desatados en su cabeza, se sirvió un trago mientras veía cómo Lorena atendía una llamada de lo más tranquila.
De su mente no podía borrar esa maldita mano en el hombro desnudo de su exmujer. En todo el tiempo que llevaba separado de Marina, jamás s