Efraín, por un momento, se quedó pasmado; aquella pregunta se la había hecho él mismo. ¿De verdad tenía lo que Marina necesitaba? ¿Estaba preparado para todo lo que venía? Sintiéndose algo incómodo, tomó asiento nuevamente y dijo:
—Señor Escalona, ¿por qué no me dice usted cuáles son sus verdaderas intenciones hacia Marina? ¿Es que acaso navega con bandera de idiota para ganársela? Créame, Marina es una mujer muy inteligente y no necesita que nadie la venga a proteger.
—Qué curioso que esta rec