Luego de ver cómo Marina finalmente se quedaba dormida, Sebastian salió de la habitación. El hombre se había quedado con una extraña sensación. ¿Acaso ese escuincle era el hombre que prometía darle estabilidad a Marina?
Ahora que lo veía bien, llegaba a la conclusión de que lo que había sucedido entre la mujer que vivía en su casa y aquel había sido un completo error.
—¡Ofelia! —dijo el hombre descendiendo de las escaleras.
—¿Qué sucede, señor?
—Marina finalmente se ha quedado dormida, pero nec