Tras terminar la llamada con sus hijas, Marina y Efraín cenaron todo lo que pudieron; para sorpresa de ninguno, ambos no pudieron terminar todo lo que pidieron, lo cual se lo adjudicaron a la cantidad de cervezas que habían ingerido.
Aun con ello, Efraín pasó a comprar lo que decía; era el postre perfecto para después de un montón de mariscos.
—Esa marquesita terminó de llenar el último hueco que tenía en el estómago… —dijo Marina sobando su abultada pancita.
Efraín la observó con una mezcla