Tras algunos minutos más, Efraín fue al tocador, mientras Marina decidió hacer una videollamada a Ofelia para que sus hijas pudieran ver la pizza de langosta que acababa de llegar a su mesa.
—¡Hola, Ofelia! —dijo Marina con un tono alegre que hace mucho tiempo no hacía.
—¡Señora! ¿Cómo está? ¿Todo bien?
—¡Claro! ¡No podía estar mejor! Ahora voy a cenar… Quería que mis hijas vieran lo que voy a cenar, ¡es increíble!
—Espere un momento, les hablo… —dijo Ofelia, un tanto preocupada y hasta nerviosa