Marina aún no podía salir del asombro de lo cambiado que estaba Ángel y, sobre todo, de tan extraña coincidencia.
Por un momento pensó que todo esto sonaba demasiado extraño; una idea se formuló en su mente, la cual descartó casi de inmediato.
—Dame unos minutos, me registro y te ayudo con la maleta. —dijo Efraín sonriéndole como lo hacía cuando eran chamacos.
Tras aquellas palabras, se acercó a la recepcionista y dio su nombre:
—Tengo una reserva a nombre de: Efraín Forcelledo…
Marina escu