—Señor Forcelledo, me había dicho su tío que lo esperábamos hasta dentro de dos semanas. ¡Bienvenido sea a México! ¿A dónde quiere que lo lleve?
—¡Hola, Carlos! Solo mi santa madre sabe que llegué antes. ¿Crees que me podrías llevar al pueblo? —dijo el joven con entusiasmo.
—¿Al pueblo? ¿No quiere que lo lleve a ver a su tío? Él se alegrará mucho de verlo más al ver cómo están las cosas.
—No, ellos saben que llegaba en dos semanas; dejemos que sigan creyendo aquello —dijo el joven subiendo a