Tras algunos minutos en el tráfico, varios cigarros fumados y múltiples pensamientos inundándole la cabeza a Dante, el hombre finalmente llegó al edificio donde labora Antonio La Salle, el médico que le iba a ayudar con su “problemita”.
—Señor Montemayor, ¡qué agradable sorpresa!
—La Salle, está por demás que necesito toda tu discreción, ¿verdad?
—Usted dígame, ¿qué necesita?
Danto tomó un poco de aire y lo miró a los ojos, para luego decirle la verdad.
—Tengo un problema con una mujer.
—S