Jimena esperaba con el estómago revuelto a que Dante llegase; sabía perfectamente bien que ese hombre no tomaría nada bien lo que sucedía. No esperaba que diera brincos de alegría, ¿cómo podría? Él siempre había sido claro con ella. ¿Cómo demonios fue que se había descuidado?
Tan pronto como sonó el timbre del apartamento, ella fue a abrir; sabía bien que Dante normalmente llegaba y tocaba, aun teniendo llaves. Para ella, ese hombre era un caballero, aunque probablemente hoy se desengañaría un