Efraín debía admitir que él quería desquitar su ira y frustración en el hombre que se encontraba sentado ahí frente a él. Su arrogancia le causaba repulsión y su simple presencia le provocaba cierto fastidio, pero, ante todo, debía guardar muy bien las apariencias; si quería que su plan siguiera como hasta ahora, no podía dejarse llevar por sus emociones.
—Y bien, dejémonos de cortesías y rodeos innecesarios. ¿Cuál es el motivo de tu visita? No tenía agendada una cita contigo; sé perfecto que n