Florencia miraba hacia la puerta de aquel apartamento; aún conservaba la esperanza de que Soraya o alguno de sus escoltas aparecieran, pero nada, nadie llegó en ese momento en su ayuda.
Finalmente tuvo que resignarse a su realidad; el hombre frente a ella tenía los ojos bien puestos en cada movimiento que pudiera dar en falso. Ella supo que no valía la pena poner resistencia; el resultado podría ser mucho peor, incluso, el resultado podría alcanzar a su nieta, quien sabía Dios por qué había lle