Mercedes se alistaba para la llegada de la niña Renata, cuando de pronto vio que la puerta principal se abrió y, al hacerlo, la pobre mujer se quedó helada, pues en el umbral se encontraban Dante Montemayor y Florencia.
A la pobre se le notaba que había estado llorando; Mercedes se imaginó el peor de los escenarios, pues nada bueno podía venir de aquel hombre que era un demonio encarnado.
Por la mente de Mercedes pasó que algo debí haberle hecho o dicho como para que la señora hubiese decidido r