Tras buscar la factura y el certificado de aquel costosísimo artículo, Marina y Ofelia salieron de casa, esperando no demorar mucho, pues debían ir a recoger a la pequeña Diana.
Marina por un momento se vio tentada a tomar las llaves del auto que según era suyo, pero no, no pudo, prefirió pedir un taxi de aplicación. Luego del accidente donde casi pierde la vida, se rehusaba por completo a tener que tomar el volante nuevamente.
—Señora, ¿no cree que sea muy arriesgado que nos vayamos en un taxi