Elena
El trayecto en el ascensor fue un vacío presurizado de silencio. Observé cómo los números de los pisos subían, y mi reflejo en las puertas de acero pulido parecía un fantasma: magullado, manchado con la suciedad del almacén y completamente vacío. A mi lado, Ryder permanecía con las manos metidas profundamente en los bolsillos, su postura irradiando una calma aterradora.
—Estás sorprendentemente callada —comentó, con la voz suave como la seda.
—Estoy ocupada preguntándome si no debería hab