Elena
Llegué a la oficina esa mañana más tarde de lo habitual. En el momento en que entré, noté grupos de empleados reunidos, sus voces bajas, rostros animados. Chismes. Chismes de oficina.
El alivio me invadió cuando me di cuenta de que Lucien aún no había llegado. Al menos no notaría ni me regañaría por llegar tarde. Aun así, mi curiosidad pudo más que yo, y ralenticé mis pasos, acercándome sigilosamente al lugar de donde venían las voces.
«…es absolutamente horrible», susurró una de las muje