Elena
Llamé suavemente a la puerta de Lucien con manos temblorosas, mi respiración retumbando en mis oídos.
Primero hubo silencio, que se prolongó durante un rato.
Luego, un momento después, su voz grave llegó desde el interior, diciéndome que entrara. Mi corazón latía con fuerza en el pecho mientras empujaba la puerta lentamente, como si ganar tiempo pudiera retrasar la plaga que estaba a punto de abatirme.
Lucien estaba sentado detrás de su escritorio, con los ojos concentrados en una pila de documentos, como siempre.
Parecía calmado y sereno.
Entonces levantó la vista.
Sus ojos azules se encontraron con los míos, y mi aliento se atoró dolorosamente en la garganta. Esa mirada otra vez. La misma que hacía que mi pecho se apretara y mi pulso se acelerara. Como si me reconociera. Como si pudiera ver directamente a través del rostro de Elena, a través de la máscara cuidadosamente colocada, hasta la parte de mí que mantenía enterrada, la parte que todavía era Lila.
—Buenos días, señor —sa