Elena
Estaba agradecida, genuinamente agradecida, de ver que la mansión aún estaba envuelta en silencio cuando me colé por la puerta principal al amanecer. El salón estaba vacío. Ni pasos. Ni luces. Ni Geralt acechando con preguntas, ni la criada observándome con sus ojos penetrantes. Todos seguían dormidos, como debía ser a esa hora de la mañana.
Avancé de puntillas por el salón como una ladrona, encogiendo los hombros cada vez que el suelo crujía bajo mis pies.
Luego subí corriendo las escal