Elena/Lila
Ryder soltó una risa baja, suave y pecaminosa mientras su mirada oscura volvía a recorrer mi cuerpo, lo bastante lenta como para hacer tropezar mi corazón. Ni siquiera era sutil. Me miraba como si me estuviera desnudando allí mismo bajo la luz de la luna, y algo ardiente se deslizó por mis venas, cálido, confuso e imposible de ignorar.
Dios.
El único hombre que alguna vez me había hecho sentir algo parecido era Lucien…, y eso era un desastre del que no quería acordarme. Sobre todo en este momento. No cuando Ryder estaba frente a mí pareciendo el pecado envuelto en cuero. Me sorprendí aprobando en silencio el buen gusto de Elena.
Lástima que estuviera muerta. Lástima que él no fuera el verdadero marido.
Seguía mirándolo embobada cuando la voz de Ryder interrumpió mis pensamientos.
—Siempre llevabas disfraz cuando salíamos —dijo, alzando una ceja—. Decías que no querías que te reconocieran… porque podía ser malo para la imagen de la familia. —Su tono llevaba una nota de sarca