Elena
En el momento en que el auto de Lucien se detuvo frente a las rejas, mi pecho se apretó.
Conocía este lugar.
No solo de vista.
Por *memoria*.
Las rejas de hierro se elevaron lentamente, tal como lo hicieron aquella noche: suaves, silenciosas, casi ceremoniales. La casa se erguía allí en toda su callada grandeza, sin cambios, intacta por el tiempo o la tragedia. Paredes blancas, ventanas amplias, setos perfectamente podados. Perfecta. Demasiado perfecta.
Esta era la casa donde una vez creí