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Al día siguiente, Mateo amaneció mucho mejor de la barriga, pero con una actitud de enfermo profesional que me hizo sospechar de inmediato. No tenía fiebre, no tenía dolor fuerte y ya había pedido pan dos veces, pero caminaba por la sala con una cobija en los hombros como si estuviera recuperándose de una batalla histórica. Verdadero iba bajo el brazo y la caja del fósil estaba en la mesa, porque según él, “los fósiles también acompañaban en reposo”.
Sofía, por supuesto, no ayudaba. Llegó tempr