89.

Damián se quedó a cenar esa noche, pero no como invitado raro ni como hombre que esperaba ganar puntos por haber sobrevivido a una conversación con su madre. Se quedó porque Mateo le preguntó si iba a comer con nosotros y él me miró primero, como siempre hacía ahora, esperando mi respuesta antes de aceptar un lugar que todavía estaba aprendiendo a ocupar.

Yo asentí.

No fue un gesto enorme. No hubo música, ni luz especial, ni esas cosas que en las películas avisan que algo cambió. Solo moví la c
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