81.

Yo pensé que la circular del colegio iba a quedarse quieta en la maleta.

Qué ilusa.

Una nunca debía confiar en un papel adulto.

Los papeles adultos tenían vida propia. Se metían en la casa, se dejaban firmar, se guardaban en carpetas y luego, cuando una menos lo esperaba, salían a demostrar que no eran solo papel.

Ese día yo estaba haciendo una fila eterna.

Eterna de verdad.

De esas filas donde una envejecía tres años, perdía la fe en la humanidad y empezaba a leer carteles pegados en la pared
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