85.
Desperté antes de abrir los ojos del todo, como si mi cuerpo hubiera recordado algo que mi cabeza todavía no se atrevía a mirar de frente. La habitación estaba en silencio, pero no en ese silencio común de las mañanas sin Mateo. Era un silencio diferente, más pesado, más tibio, lleno de la noche anterior.
Damián seguía a mi lado.
No era un sueño. No era una escena mal acomodada por mi imaginación cansada. Estaba ahí, acostado de lado, despierto, con el cabello desordenado y una mano quieta sobr