31.
Me quedé mirando la última línea del correo como si fuera una sentencia.
Se programará una entrevista de seguimiento con el menor Mateo Montes.
La leí una vez.
Luego otra.
Luego una tercera, porque mi cabeza tenía esa manía absurda de repetir lo que me dolía, como si al cansarlo pudiera hacerlo desaparecer.
No desapareció.
Mateo iba a ser entrevistado.
Mi hijo, mi niño de dinosaurios, credenciales de espía y dibujos torcidos, iba a tener que sentarse frente a una persona extraña para responder