74.

Después del día de la familia, yo pensé que por fin íbamos a tener una tarde normal.

Error mío.

En esta casa nadie podía decir “tarde normal” sin que alguien sacara una cartulina, un fósil emocional o una prueba de papá.

Esta vez fue Damián.

Estábamos saliendo del colegio con la casita pintada en una carpeta, las manos de Mateo todavía con manchas de témpera y Sofía quejándose de que la silla mini le había dejado “trauma de rodilla”. Damián caminaba a mi lado, cargando la cartulina como si fuer
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