32.
La mañana de la entrevista llegó. Parecía una mañana cualquiera, como si el mundo no supiera que yo llevaba el corazón hecho un nudo entre los dientes.
Me desperté antes que Mateo y me quedé unos minutos sentada en la cama, mirando la luz gris que entraba por la ventana. No quería levantarme. No quería preparar desayuno, ni buscar ropa limpia, ni sonreír como si ese día no tuviera una mano fría apretándome el cuello. Pero era exactamente eso lo que tenía que hacer. Tenía que levantarme, prepara