76.

Desperté con un pie de Mateo clavado en mi costilla, Bruno aplastado contra mi cuello y Damián dormido en el sofá con una postura que parecía denuncia laboral.

No era una escena bonita.

Era más bien un desastre.

Mateo había terminado atravesado entre los cojines como estrella de mar. Yo me había quedado sentada medio torcida, con una manta mal puesta sobre las piernas. Bruno estaba húmedo de babas infantiles. Verdadero seguía vigilando desde la mesa, inútil pero comprometido.

Y Damián…

Damián p
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