78.
Todo empezó por culpa del fósil.
Otra vez.
Yo estaba doblando ropa en la sala mientras Mateo organizaba algo sobre la mesa con la concentración de un científico loco. Bruno estaba sentado frente a él. Verdadero vigilaba desde una silla. Y la caja del fósil ocupaba el centro como si guardara un tesoro nacional.
—Mamá.
—¿Sí?
—Mi fósil tiene casa.
—Ajá.
—Pero no la ha usado.
Levanté la vista.
—¿Cómo que no la ha usado?
Mateo señaló la caja.
—La caja está aquí.
—Sí.
—Y la otra casa está donde papá.