20.
La pregunta de Isabela cayó entre nosotros como una trampa que Damián ya conocía.
El mensaje seguía brillando sobre la mesa, en la pantalla de mi celular, cruel y pequeño, como si no acabara de abrir una grieta enorme en el piso bajo mis pies.
Pregúntale qué hizo después de esa foto. Pregúntale dónde durmió esa noche.
No había firma, pero no hacía falta. Isabela tenía una forma muy particular de clavar el cuchillo: no empujaba hasta el fondo de una vez, apenas lo dejaba bajo la piel para que un