11.
La palabra ADN se me quedó pegada a la piel como una amenaza, como si tres letras pudieran convertirse en manos intentando arrancarme a mi hijo.
Salí de la agencia con el bolso apretado contra mi y una sensación horrible en el pecho. No era solo miedo. Era una mezcla de rabia, cansancio e impotencia , de esas que una cree superadas hasta que alguien con apellido importante vuelve a recordarte que el poder no necesita gritar para hacer daño.
Renata Armand había entrado a mi vida otra vez como e