10.
Renata Armand no gritó cuando escuchó que podía tener un nieto de cinco años. Las mujeres como ella no gritaban. Ordenaban guerras en voz baja.
Isabela había llamado con la voz tensa, casi rota, aunque intentara envolverla en esa elegancia suya de siempre. Le dijo lo justo: que Damián había ido a su apartamento, que preguntó por la carta, que Valeria había vuelto y que había un niño. Un niño de cinco años. Un niño que tal vez tenía los ojos de Damián.
Renata escuchó cada palabra desde su despac