28. El Lugar que Aún Ocupa
Ana estaba doblando cuidadosamente dos pequeñas camisetas con dibujos de tiburones cuando escuchó la puerta cerrarse con brusquedad. Ni siquiera tuvo que girarse para saber que Alexandre estaba de mal humor. Lo conocía demasiado bien.
—Ya me enteré de todo —dijo él desde la entrada, sin rodeos—. ¿Así de fácil te los roban? ¿En qué estabas pensando?
Ana suspiró, sin perder la calma.
—No los robaron. Fue un error. Eugenia los confundió con sus otros nietos. Cuando se dio cuenta, ya estaban con Hu