El sol comenzaba su lento descenso, pincelando el cielo con pinceladas suaves de naranja cálido y coral delicado. El mar, antes inquieto, parecía exhalar un suspiro de calma, sus olas lamiendo la orilla con una suavidad casi reverente, despidiéndose también del día. Hugo caminaba descalzo junto a Chiara y Bernardo por la arena húmeda y fresca, dejando tras de sí un rastro de huellas desiguales, pequeñas y grandes danzando juntas. La brisa marina les acariciaba el rostro, cargada con el aroma sa