Capítulo 18. Entre la Fe y el Deseo
Los días transcurrieron con lentitud después de aquella conversación en la biblioteca. Eira continuaba con sus actividades diarias, pero su mente no encontraba paz. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen del cuerpo desnudo de Entienne volvía a asaltarla con una claridad casi dolorosa. La culpa se aferraba a su corazón como una serpiente venenosa, enroscándose en su inocente conciencia.
En las noches, cuando todas las hermanas dormían, Eira escapaba al río, el mismo río donde lo había visto po