—¿Cómo está ella?—preguntó Andrés.
—Aparte de la hinchazón en un lado de la cara, no tiene otras heridas. Parece que no pasó nada grave—respondió la doctora.
Andrés suspiró aliviado, pero al ver la mejilla hinchada de Julia sintió una punzada en el corazón. Su piel clara hacía que la marca de la bofetada resaltara mucho.
Se arrepintió un poco. Si hubiera sabido que esto pasaría, jamás la habría dejado irse sola esa noche.
Él siempre le había dicho que no condujera ni tomara taxis sola. La primer