Andrés se acercó a la cama, observando el rostro dormido de la mujer. Sus facciones reflejaban tristeza y quietud, como si hubiera perdido todo interés en el mundo.
Sintiendo un inexplicable pánico, se arrodilló junto a ella y acarició suavemente su mejilla. —Por favor, no sigas así...
Julia no le respondió. En realidad, no estaba dormida, simplemente no quería hablar con él. Ahora solo le mostraba desprecio, burla, frialdad e indiferencia.
Cada día comía bien y tomaba sus medicinas, esperando s