—No puedes hacer que prometa no lastimarte —murmuró Andrés, apretando los labios.
—¿Entonces sugieres que la deje estar cerca de mí, lista para lastimarme cuando se le antoje? —preguntó Cristina con dolor—. ¿Tan poco vale mi vida? Intentó matarme y sobreviví, ¿y ahora debo perdonarla sin siquiera pedirle garantías de que no volverá a hacerme daño? ¿Cómo podré sentirme segura?
Andrés guardó silencio por un momento antes de responder:
—Si ella te lastima, yo te protegeré.
*
Por otro lado, Julia se