64. La confusión
Así se despidieron. Hermes iba en el asiento trasero del coche, mientras Werner conducía y su celular timbró.
—Hola, Hermes —dijo primero una voz femenina al otro lado del móvil, era Marianne Mars—. ¿Estás de negocios en tu país natal, cierto?
—Sí, Marianne. ¿Hay algo que necesites?
—Oh, no me avisaste. Una amiga se casará pronto en esa ciudad y debía viajar a esa ciudad. ¿Puedes recogerme en el aeropuerto? —preguntó Marianne con voz seductora.
—Por supuesto —respondió Hermes sin demora y es qu