34. Los cómplices
Hariella se erizó desde la nuca hasta los pies al percibir la ajetreada respiración de Hermes en su oído. Si alguna vez se sintió sola y vacía, Hermes ahora la llenaba en todos los sentidos. Se alegraba de escucharlo, pero en sus adentros no podía repetírsela. El amor era muy complicado y debía sentirlo en el fondo de su ser para poder expresarlo. Se acomodaron la ropa y se abrazaron de frente.
—¿Quieres que tengamos nuestra luna de miel? —preguntó Hariella, mostrándose interesada.
—A mí me gust