27. Unión nupcial
La noche nupcial continúo en una celebración de su atracción y fervor. En ese santuario de pasión y devoción, Hariella y Hermes se perdieron el uno en el otro, sus almas tocándose en un baile eterno de amor y deseo.
Hariella dirigió sus manos a la entrepierna de Hermes y se acomodó encima de él. Ese muchacho al que había conocido en el ascensor, despistado y reservado, había logrado, no solo, robarle una sonrisa, también el corazón. Ahora eran esposos y compartían el tacto, el ardor y la firmeza