28. La intesidad
Hariella reposó sus antebrazos y sus rodillas en el colchón, quedando de forma cuadrúpeda. Arqueó su espalda y levantó sus glúteos. Era vergonzoso para ella, estaba a la merced de la vista de Hermes. Además, pensaba que era una pose muy vulgar para una dama. Pero, ya que había creado una gran mentira, no se limitaría por cuestiones éticas y de etiqueta, al contrario, la abriría la puerta a la inmoralidad sin el menor de los impedimentos. Volvió la mirada encima de su hombro para ver a Hermes det