Bianca
El toque de sus manos fue tan inesperado que casi me olvidé de respirar.
Cerré los ojos un momento, obligándome a concentrarme en lo que me estaba enseñando y no en el hecho de que su mano seguía en mi cintura.
—Ahora apunta, —susurró, su voz calmada justo junto a mi oído—. Usa la mira delantera y alinea con el objetivo.
Abrí los ojos, enfocándome en las latas frente a mí. Apreté los labios y me concentré, haciendo lo que me había indicado.
—Respira, Bianca, —dijo suavemente, y su mano e