Alessandro
Mis dedos tamborileaban sobre la superficie del escritorio de madera maciza, un ritmo constante, como un reloj marcando la cuenta regresiva para mis enemigos.
El cigarro humeaba entre mis dedos, lanzando una espiral de humo que se elevaba hacia el techo. El sabor amargo y familiar del tabaco me daba una calma que casi podía llamar placer.
Me gustaba este ambiente, me hacía sentir que tenía el control, que todo a mi alrededor estaba en calma porque yo lo permitía.
Frente a mí, sobre l