Valentina
Lo miré, parpadeando, tratando de procesar lo que acababa de escuchar. Y entonces, sin poder evitarlo, solté una risa. Fue una risa espontánea e incrédula.
—¿Te estás escuchando? —le respondí, aún con una sonrisa en los labios. —¿Algún golpe de los que recibiste en la cabeza te hizo mal? ¿Necesitas un doctor? —Lo miré, sacudiendo la cabeza, sin poder creer que, en medio de toda esta locura, él pudiera estar hablando en serio.
Pero Nicola no se inmutó. Su rostro seguía igual de serio,