Nicola
El sótano tenía ese aire pesado que siempre me había provocado tranquilidad, incluso cuando era un niño y mi padre me traía aquí para presenciar cómo se trataba a los traidores.
Siempre olía a hierro oxidado, a humedad atrapada por años entre las paredes gruesas de piedra. La luz era tenue, apenas suficiente para guiarme, pero eso no importaba. Ya sabía cómo moverme aquí debajo.
Con cada paso que daba, sentía el pulso en mi sien martillando con fuerza. La idea de que Valentina y Bianca p