Valentina
Horas, tal vez habían pasado días.
La oscuridad de la habitación nos envolvía, solo rota por la tenue luz que se filtraba por una pequeña ventana en lo alto de la puerta.
Mi cuerpo estaba adolorido, el frío de las cadenas alrededor de mis muñecas y tobillos me hacía temblar, pero lo peor era el hambre, la sed… y el miedo.
Había visto al tipo, el hombre al que la Pantera llamaba Shadow, entrar en la habitación varias veces.
Se había llevado los cuerpos de Ana y Sofía, como si fueran na