Shadow
Habían pasado solo unos días desde que la bala de Fiamma casi termina con mi pobre existencia.
Por suerte, ya podía moverme sin que el dolor me hiciera apretar los dientes. Aún así, mi enfermera personal, me trataba como si fuera de cristal.
Estaba terminando de abotonar mi camisa cuando ella apareció en la puerta. Se apoyó contra el marco, cruzando los brazos y con esa mirada que me daba cuando estaba intentando ser paciente pero algo le molestaba.
—No deberías levantarte todavía, —dijo